En busca de Calderón

En busca de Calderón

Retrato de Pedro Calderón de la Barca por Pedro de Villafranca, grabado calcográfico, Madrid, 1676 (Biblioteca Nacional, Madrid)

[El País, 28 jun 2020; y elaboración propia] En marzo de 2019, un equipo multidisciplinar de profesores de la Universidad San Pablo-CEU, comenzó una investigación para encontrar los restos de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) que, según los testimonios, fueron depositados en 1902 en el templo de la Congregación San Pedro. Pero la ubicación exacta del cuerpo del famoso sacerdote-literato del siglo de oro se perdió cuando la iglesia ardió al comienzo de la Guerra Civil. Actualmente en el lugar se alza la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, y allí comienza, justo ahora, en el mes de julio, ahora la segunda fase de la investigación para dar con los restos. La primera consistió en investigar los indicios que han quedado en las fuentes históricas, y en esta segunda se pasa al trabajo in situ, con un georradar.

Calderón antes de ser sacerdote fue militar, y llevó una vida bastante ajetreada, con no pocas penurias, pero siempre alabado por sus obras literarias. Se ordenó sacerdote a los cincuenta años, en 1651, justo cuando se publica su famoso «El alcalde de Zalamea» (llevaba ya unos 30 años de obra literaria). Y formó parte de nuestra Congregación de San Pedro de Presbíteros Naturales de Madrid, a la cual legó parte de sus bienes al morir, en 1681. Fue enterrado en la parroquia de San Salvador (iglesia románica hoy desaparecida, en la actual Calle Mayor 70), que era la iglesia que estaba frente a su casa (que aún se conserva, en Calle Mayor 61).

Pilastra y arqueta de mármol de la iglesia de los Dolores, hacia 1902.

El cuerpo de Calderón permaneció en San Salvador hasta que en 1843 tuvo que ser demolida por su estado de ruina. Entonces los restos pasaron por varios lugares hasta que, en 1902, fueron trasladados -con altos honores- a una capilla lateral del templo del Hospital San Pedro. Pero el lugar fue arrasado el 21 de julio de 1936, al inicio de la Guerra Civil, y no solo ardió la iglesia (archivos, imágenes, retablos, etc.) sino que también fueron asesinados nueve sacerdotes.

Terminada la guerra, se comenzó la reconstrucción de la iglesia: aún quedaban en pie los muros perimetrales. Al mismo tiempo el padre Vicente Mayor, capellán de la Congregación San Pedro, comienza a escribir la Historia de la Venerable e Ilustre Congregación de San Pedro Apóstol de presbíteros seculares, naturales de Madrid (1964), en cuyas páginas encontramos el testimonio que un sacerdote agonizante le trasladó: “No se preocupe. Los restos de Calderón no han desaparecido. No estaban en la arqueta de mármol. Se colocaron en un nicho que se hizo en la pared. La arqueta era una cosa simbólica. Cuando me ponga mejor […] le indicaré el lugar donde se colocaron”. Pero no llegó a revelar el lugar exacto y, aunque se hicieron varios intentos por hallar el nicho, todos fueron infructuosos.

Ahora, con la ayuda de las nuevas investigaciones y la actual tecnología, intentará localizarse el lugar y darle el relieve que merece.

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