La Belleza es reflejo de Jesucristo

La Belleza es reflejo de Jesucristo

[Por Clara Arahuetes, Rev.Ciudad Nueva, Diciembre de 2020]

En estos tiempos parece que hay un abismo entre el arte y la fe, pocos artistas muestran interés por temas religiosos. Sin embargo la reforma de la capilla en la residencia de la Congregación de San Pedro Apóstol nos muestra que no es así. Hablamos con el teólogo Diego J. Figueroa sobre este tema.

–La Congregación de San Pedro Apóstol fue fundada en 1619 por Jerónimo de la Quintana. Además de sacerdote y rector del Hospital de La Latina, fue cronista de Madrid. ¿Cómo nació esta congregación y cuál ha sido su historia? ¿Qué sentido tiene hoy?
–Madrid era ya la capital del Reino y eso propició un aumento de gente de todo tipo que iba y venía. La vida de los sacerdotes era muy diferente de lo que es ahora, cada uno se buscaba la vida como buenamente podía, también muchos vinieron a Madrid. De la Quintana y sus compañeros observaron que no todos encontraban recursos para vivir, y así nace la Congregación para dar solución a estas situaciones. Hoy se pone a disposición de los sacerdotes, y también de la diócesis, para colaborar en sus necesidades. Es una cuestión de caridad fraterna. La residencia sacerdotal, en pleno centro de Madrid, es solo un ejemplo de esa solicitud.

–Con motivo del cuarto centenario, se ha reformado la capilla en la residencia de la Congregación. El proyecto es del arquitecto José Gabriel Bernabé Collados, quien ha dirigido la obra en colaboración con Esther Prieto Puig. Y ha intervenido el pintor brasileño Sergio Cerón Alves, que ha pintado los muros del recinto y decorado los elementos litúrgicos metálicos, realizados por el artesano ucraniano Safroni Melek. Llama la atención la unidad creativa que desprende el proyecto y su profundo sentido teológico ¿Cómo ha sido esta colaboración? ¿Qué mensaje quiere transmitir el programa iconográfico de la capilla?
–Hemos trabajado durante un año, coordinados por Bernabé, y los últimos meses en plena pandemia. En medio de un ambiente y un mundo amenazado por la enfermedad y la muerte, en una residencia de ancianos ha surgido una obra llena de vida y luz. Se ha modificado el suelo, la iluminación, la megafonía, la estructura, los materiales… Y transmite un mensaje: la historia de la salvación es la historia de un sacerdocio, el de Jesucristo, y los hombres necesitamos de su alianza para nuestra salvación, Él nos la da por gracia.

–Las imágenes elegidas por el artista están llenas de significado simbólico, desde Adán al Pantocrátor que preside el altar. ¿Qué relación tienen con el sacerdocio?
–Los Padres de la Iglesia ya interpretan el relato del Génesis prefigurando el sacerdocio de Cristo: Adán está vestido en el paraíso porque es sacerdote, profeta y rey. Adán media entre la creación y el creador, pone nombre a los animales, estos miran a Adán, él es centro de esa creación, existe orden y armonía. Solo el pecado, trayendo la muerte, rompe esa paz inicial. Será
necesaria una nueva alianza, que ofrecerá Jesucristo en su encarnación, haciéndose sacerdote y ofreciendo la gracia. Por eso Cristo, en su kénosis, rescata a Pedro de las aguas. Él ha iniciado un sacerdocio nuevo, que ha conferido de forma sacramental a los hombres para que hagan partícipes de esa salvación por la gracia a todos.

–Cada imagen, cada elemento de la Capilla tiene un porqué, como la nave del templo cubierta con un techo ondulado de madera y decorado con estrellas…
–Sí, así crea sensación de movimiento, invita a avanzar desde lo creado hacia lo increado. Es la historia en su desarrollo sacerdotal, un camino que lleva hacia el altar, en el que aparecen estrellas, luces, los santos, que nos animan a seguir mirando hacia adelante, a lo alto. Las estrellas son un ingenio decorativo de Sergio Cerón, estrellas de seis puntas, número que representa la gloria de Cristo, su fuerza y poder.

–También aparece representada la Virgen María como Inmaculada, dando paso a la zona más sagrada…
–La Congregación defendió desde su origen la ausencia de toda mancha de pecado en la Virgen. Por eso la imagen tiene todo lo que la hace ser reconocida como la Inmaculada en la tradición: coronada por doce estrellas, la luna por pedestal, pisando la serpiente, vestida de azul –la humanidad– y cubierta de rojo –el don del Espíritu–. Además, el artista ha incluido un guiño a la patrona de la diócesis: su tez oscura y la corona real
de la Almudena.

–En la pared principal aparece Cristo en Majestad dentro de una mandorla circular rodeada de los símbolos de los cuatro evangelistas. Además, vemos otros elementos de carácter litúrgico y unas vidrieras de distintos colores. ¿Qué representa todo el conjunto?
–La gloria, la vida eterna, la santidad, la victoria final de Cristo, que está revestido de sacerdote, con el libro de la historia en sus manos; la cruz y la corona a modo de baldaquino, el tetramorfos, los colores. La vidriera significa la Trinidad y los coros angélicos… Son imagen del cielo, es la revelación de la Parusía. Así, los sacerdotes contemplan ahí la gloria que han predicado y que les espera. Nuestra vida se encamina a ella por la fuerza que brota del altar.

–El resultado es una obra vanguardista, inspirada en la tradición de la Iglesia oriental, donde la luz y el color inundan el espacio. ¿Cree que el arte, a través de la belleza, logra transmitir también hoy las verdades profundas de la fe?
–Sin duda. Pero la belleza debe reflejar a Jesucristo, solo Él salva. La vida de los hombres es un recorrido en el que la gracia nos embellece por la fuerza de la Pascua, y cuando el arte busca mostrar esto ayuda a confesar la fe y a reconocer al Señor de la vida.

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